Yolanda López Oliver

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28012 Madrid


MANUAL IMPRESCINDIBLE DE REVIT DE ANAYA

HABITAR: EAMES HOUSE

La elección de la casa Eames como primera de la serie surge, una vez más, de una vivencia personal, en este caso de una lectura, altamente recomendada, titulada “La arquitectura moderna y sus creadores” de Frank Lloyd Wright a Frank Gehry. Martin Miller hace un recorrido de 17 de los arquitectos más influyentes en el siglo XX, pasando por Le Corbusier, Alvar Aalto, Louis Kahn, Renzo Piano… y por Charles y Ray Eames. Me detuve en los Eames y concretamente en la casa Eames entusiasmada ante el redescubrimiento de que una casa tan antigua (1949) pueda seguir siendo aún hoy, en el siglo XXI,  tan moderna. Pensé que merecía la pena estudiarla detalladamente y refundir esta información en un pequeño artículo.  

La casa Eames surge de un programa casi oportunista de John Entenza, director de la revista Arts and Architecture en Los Ángeles, justo después de la Segunda Guerra mundial, con la voluntad de dar a  conocer a sus lectores modelos asequibles de viviendas y fácilmente adaptables a distintas situaciones y que por tanto sirvieran como tipología ante futuros encargos. Para ello reclutó a los jóvenes promesas americanas de la arquitectura ayudándoles económicamente y facilitando su promoción a través de la publicación en la revista, a cambio de tener abiertas las viviendas unos meses después de construidas. Lo cierto es que este programa tuvo gran trascendencia entre promotores ilustrados y sobre todo que cambió el referente de la arquitectura moderna desde Europa a California. 

 

 

Desde el principio los Eames quisieron hacer de esta casa un modelo para la posteridad y eligieron para el emplazamiento una pradera preciosa en lo alto de un acantilado sobre el océano, en Pacific Palisades, Los Angeles. El primer proyecto de 1945 estaba emparentado con la casa Farnsworth de Mies van der Rohe, y constaba de una planta-puente elevada sobre el suelo  sobre pilotis a modo de plataforma visual asomándose al océano, en la que sólo existía la estructura, pues el cerramiento era una pantalla transparente hacia los eucaliptos. Después de la visita de Charles Eames a la exposición del MOMA sobre Mies en 1947, el arquitecto descartó la propuesta quizá por evitar acusaciones de plagio.

El segundo proyecto la casa baja al suelo organizándose en dos niveles. Ésta ya no mira al océano si no que se sitúa oblicua y queda abrazada en su fachada este por enormes eucaliptos. Como dice Beatriz Colomina en su ensayo “Reflexiones sobre la casa Eames”:

Con Mies los reflejos consolidan el plano de la pared y las líneas complejas de los árboles se convierten en vetas en el mármol. Con la Casa Eames, el plano se rompe. Los reflejos de los eucaliptos se multiplican y mudan de posición constantemente. Los Eames llegaron a reemplazar un panel en la fachada sur con una fotografía del reflejo de los árboles, confirmando de este modo que cada panel debía entenderse como un marco fotográfico. Aun más, tomaron fotos de los reflejos en los cristales interiores, convirtieron algunos positivos en negativos y los agruparon en un panel directamente destinado a la casa.

 

El programa habitable se organiza con dos pabellones-caja de paneles dispuestos en dos niveles, transparentes, translúcidos, de madera o de asbesto, uno residencial y otro de estudio, relacionados mediante un patio exterior pero concebido éste como otro interior de la vivienda. Aunque la casa pretendía ser un prototipo, responde al estilo de vida particular  de los Eames, en donde el límite entre el trabajo y la vivencia personal se desdibujaba. Nunca los Eames tuvieron un escenario más apropiado para demostrar la disposición acogedora de sus propios muebles, así como de una galería de objetos de colección indígenas, juguetes, telas exóticas…  Mientras que Mies es famoso por su “menos es más”, los Eames se decantaban por mostrar “el máximo de lo mejor para el mayor número de personas por el menor coste posible” y  lo pusieron en práctica en la Casa Eames. Eso sí, todo era reorganizable, nada tenía un carácter fijo. Tan solo el contenedor-escaparate permanecía inamovible mientras el resto de los elementos bailaban a su antojo, en una voluntad de cesión creativa hacia el habitante-diseñador.

La integridad arquitectónica en la casa Eames queda garantiza no sólo por la escala de la construcción, concebida más como un juguete grande y sin embargo semejante a una nave industrial pequeña, sino también por adquirir el arquitecto el papel de creador de la obra de arte completa, al estilo del Arts and Crafts europeo, desde la estructura hasta el último tornillo pasando por la colección de muebles y telas, lo que irremediablemente confiere una visión unívoca. 

Pero realmente las virtudes de la casa Eames se deben a la utilización de los materiales: a la textura de la chapa metálica del techo, a las vigas metálicas en celosía, a la alternancia de los paneles metálicos opacos y translúcidos (y la integración de los reflejos del exterior en el interior), a los suelos entendidos como una cuarta pared, (insistiendo en el carácter fotográfico de la arquitectura  por la inclusión de una serie de marcos para las alfombras, los muebles) y sobre todo, a la sinceridad de la construcción, en el sentido de aprovechar las cualidades intrínsecas de cada material sin complejos para buscar la esencia del edificio. La expresión artística del edificio es  la textura de los propios materiales utilizados y la manifestación explícita y deliberada del sistema de ensamblaje o proceso constructivo.

La vivienda fue enteramente diseñada con materiales industrializados y prefabricados, incluyendo acero, cristal, asbesto y los paneles Cemesto, y presumía de una alta eficiencia económico-temporal con un presupuesto diez veces inferior al de la época y unos plazos de montaje ridículos. Sin embargo, la práctica de este modelo, por otra parte pionero y experimental, desvió los presupuestos cuantiosamente hasta el punto de que los Eames dieron por finalizada su andadura por el diseño de arquitectura. 

En todo caso los Eames han dejado su huella como revolucionarios del diseño, en el desplazamiento desde la estética de la máquina hasta el cine en color. En palabras de Peter Smithson:

En los años 50, los Eames desplazaron el diseño de la estética de la máquina  y la tecnología en la que se había vivido en los años veinte, al mundo del ojo cinematográfico y de la tecnología de los aviones: del mundo de los pintores al mundo de los diseñadores gráficos.

 

 

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